Gratia plena

Julio 02, 2020
Origen: fsspx.news

La Santísima Virgen, desde el primer momento de su existencia, recibió una plenitud de gracia; y esto sin ningún mérito previo, ya que para merecer hay que ser.

Esta plenitud de gracia superaba todos los dones de Dios, dados, al principio de su vida o existencia a sus ángeles y santos, porque era una santificación insuperable para todos ellos. Podemos sumar todas las gracias dadas a los demás y adicionarlas indefinidamente, y esto es incomparable a la plenitud de gracia dada inicialmente a María para prepararla para la Encarnación, para disponerla a tener, con la Santísima Trinidad, relaciones de un orden absolutamente único. La gracia se da siempre para la unión con las Personas divinas; y la unión de María con Dios es incomparable a cualquier otra unión con la Trinidad.

La gracia - la vida de Dios mismo en su alma - le fue dada sin duda, para unirla cada vez más estrechamente a Dios. San Luis Grignion de Montfort escribió: “Dios Padre reunió todas las aguas, que llamó mar; también reunió todas sus gracias, que llamó María”.

Santa Matilde describió detalladamente esta plenitud de gracia: “Oh Padre, en tu omnipotencia más magnífica, exaltaste el alma de María, confiriéndole el honor más sublime y colocándola como en un trono, para que fuera, después de ti, la más poderosa en el cielo y en la tierra. Oh Hijo de Dios, según la excelencia de tu insondable Sabiduría, has enriquecido y llenado a la Virgen con todas las ciencias e inteligencias para que ella pudiera, mejor que todos los santos y por un conocimiento más perfecto, gozar de la Santísima Trinidad. La has iluminado con tal claridad que ella a su vez ilumina todo el cielo, ¡como lo hace el sol por la virtud de sus rayos! Oh Espíritu Santo, has derramado en María con plenitud la dulzura de tu Amor; la has hecho tan serena y apacible que ella era, después de Dios, la más dulce y la más bendecida”.

El alma de la santa humanidad de Cristo poseía, desde el primer momento de la Encarnación, la más amplia plenitud de gracia que se pueda concebir. Nunca progresó en esa gracia, y la palabra de San Lucas, que alude a ella, sólo significa lo que los hombres vieron de su lado. Por eso la Virgen María es el modelo de crecimiento en la gracia, la perfección absoluta en este campo, desde la Inmaculada Concepción hasta su Asunción al cielo. Y en ese momento, la gracia de la Virgen María superó la suma de todos los dones de gracia de todos los ángeles y santos del cielo juntos.

Veneremos, pues, este don único de Dios en la Virgen María, con cada uno de nuestros saludos: ¡Gracia plena! Y supliquémosle que nos ayude a progresar en esta gracia imitándola.