María, modelo de esposa y madre

Julio 18, 2020
Origen: fsspx.news

¡Qué difícil es para los miembros de la familia cumplir fielmente con los deberes de su estado y ocupar el lugar en la comunidad familiar, que la Divina Providencia les ha dispuesto!

El orgullo y todos los demás pecados hace que sea especialmente difícil para las mujeres mantenerse en su papel aparentemente subordinado. Por lo tanto, es muy importante vivir en presencia de María.

Ante nosotros se encuentra la Inmaculada, la Reina de todos los ángeles y santos, la Madre elegida del Creador y Redentor del mundo entero. ¿Y qué está haciendo? Vive la vida discreta de una sencilla ama de casa y madre de familia. Todo aquí es discreción, modestia, sencillez, gran pobreza, amor infinito al prójimo, dispuesto a ayudar ante cualquier necesidad.

Cuando las otras jóvenes y mujeres del pueblo la encuentran sacando agua del pozo, le sonríen y pasan de largo sin darse cuenta, que han saludado a la Medianera de todas las Gracias, a la Corredentora y Reina del Universo. Esta humildad y amor a la vida oculta, es la gracia especial de la Inmaculada para la familia, sin la cual una mujer nunca puede ser una buena madre y esposa.

María estaba “desposada con un hombre llamado José” (Mt 1:18, Lc 1:27). Este compromiso es sinónimo de matrimonio. Santo Tomás de Aquino afirma con los Padres de la Iglesia, que entre María y José hubo un verdadero matrimonio, porque la esencia del matrimonio consiste en una unión indisoluble (conjuntio) de almas, por la cual ambos cónyuges deben mantener una fidelidad inquebrantable el uno al otro (Summa Theologica III, q. 29, a. 2). Entre María y José hubo una unión indisoluble de almas, un máximo de amor mutuo.

Ahora, María es en mayor medida propiedad de Dios, total y completamente entregada a Dios, en la medida en que Dios la posee plena y enteramente, y el Espíritu Santo la hace su santuario elegido, su esposa.

¿Cómo se pueden reconciliar ambos? Nos encontramos aquí ante la fuente del misterio del amor al prójimo, el manantial de la verdadera comunión, de la amistad entre las almas, el manantial del verdadero matrimonio cristiano. Como María, cada persona pertenece en primer lugar y ante todo a Dios. Existe un solo amor verdadero, que viene de Dios y regresa a Dios, porque Dios es amor.

El Corazón de María vive su fiat ininterrumpidamente, confía en él plenamente, dejándose guiar por completo. El Espíritu Santo desea ahora, que entregue su corazón a San José, para que su amor a Dios se realice, se aplique concretamente, resplandezca y siga resplandeciendo en su entrega a San José. De esta manera no le quita nada a su total entrega a Dios; por el contrario, la vive en su plenitud, amando a su esposo con todo el amor que le tiene a Dios.

De esta manera, María nos muestra una importante ley de la vida: cuanto más amamos a Dios y nos entregamos a El, tanto más amamos a nuestro prójimo. Y con esto María nos da la clave para un matrimonio verdaderamente feliz, porque un matrimonio sólo es feliz cuando es vivido en una atmósfera de verdadero amor.