María vincula al hombre con la Santísima Trinidad

Junio 06, 2020
Origen: fsspx.news

Dios hizo al hombre para Dios. Los hombres, sin embargo, viven para todo menos para Dios. Los hombres están interesados en bienes asequibles. Los bienes espirituales y elevados son poco interesantes.

Y aunque Dios lo sabe, no obstante, destina al hombre para lo que es mejor - la participación en la vida divina de la Santísima Trinidad. Y a pesar de la distancia infinita entre el hombre y Dios, Dios determinó salvar esa distancia con pasos manejables. Y el primer paso fue María.

La primera manifestación de la Santísima Trinidad en el Nuevo Testamento fue la anunciación del Arcángel Gabriel a María. San Gabriel menciona al Espíritu Santo, al Padre y al Hijo en sus relaciones especiales con María: “El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la virtud del Altísimo te cubrirá con su sombra, y por esto el hijo engendrado será santo, será llamado Hijo de Dios.” Cuando María pronunció su fiat, estas palabras se cumplieron al pie de la letra y el Espíritu Santo entró en ella para realizar el Misterio de la Encarnación, el Padre la ensombreció supervisando este Misterio en Ella como Su hija especial, mientras que la Segunda Persona, se convirtió en un sentido real en su Hijo.

Así, María, la montaña espiritual de la raza humana, se encontró con el poder condescendiente de las tres Divinas Personas uniendo de nuevo el Cielo y la tierra. De cada Persona Divina recibió una gracia especial para toda la raza humana y a cada Persona Divina le prestó un servicio especial.

A través de María, entonces, esa vida inefable de la Santísima Trinidad se hace accesible a los hombres de la tierra. De hecho, debemos escalar esa montaña de santidad para llegar a la Divinidad. De la misma manera, debemos arrastrarnos fuera del pozo de los pecados y los malos hábitos. En todo caso, debemos empezar por mirar hacia arriba.

Si un hombre postrado en el suelo mira hacia arriba, no encuentra una dirección real, el cielo es inmenso. La Santísima Trinidad es tan trascendente como la inmensidad del cielo. El hombre necesita un punto de referencia definido antes de poder moverse con precisión hacia su objetivo. Y así, mira a María, de quien Cristo sacó su humanidad. La mira porque Ella le muestra cómo vivir con Dios Hijo, cómo conocerlo, cómo amarlo y cómo seguirlo hasta el Monte del Calvario. La mira porque Ella fue elegida por Dios Padre para el más elevado servicio que una criatura pudiera ofrecerle. La mira porque es la obra maestra del Espíritu Santo y su vida es una sinfonía de perfecta obediencia a todas sus inspiraciones.

En María, tenemos un ejemplo fácil para vivir en referencia continua y diversa con las Tres Divinas Personas. En Ella reconocemos nuestra filiación divina y cómo imitar a Cristo amándola como nuestra Madre espiritual y haciendo todo para Ella en honor de nuestro Padre invisible, que supervisa el universo entero. En Ella aprendemos a ser dóciles a las inspiraciones del Espíritu Santo y a tomar consejo de Él, y no de nuestros pensamientos y deseos demasiado humanos e impuros. Por lo tanto, renovemos nuestra devoción mariana pensando en Ella como el vínculo especial y el modelo para que todos los hombres vivan en el Misterio de la Santísima Trinidad. ¡Ave María!